En la anterior
entrada veíamos a partir de la película El
reportero de Michelangelo Antonioni
como el cine se ha inspirado en la imagen romántica del periodista para contar
historias. También lo ha hecho con los dueños de los medios, figuras tan
interesantes como los periodistas para contar también grandes historias como la
de Ciudadano Kane (Citizen Kane,
1941) dirigida y protagonizada por Orson
Welles.
La historia que
cuenta Ciudadano Kane no es otra que
la de William Randolph Hearst, el
gran magnate de los medios de comunicación relacionado con el amarillismo. De hecho,
Hearst prohibió mencionar la película en sus periódicos. Funcionando como
biopic no oficial, la carrera de Kane también surge del idealismo y del
servicio social, para ir transformándose en una búsqueda de poder.
La película de
Welles cuenta con un protagonista dueño de una cadena de periódicos, red de
emisoras, sindicatos y obras de arte. Ejemplo perfecto de monopolio que le
permite controlar la opinión pública y le otorga poder.
Las similitudes con
la vida de Hearst no son casuales ni menores, pero dejarlo únicamente en eso
sería quedarse cortos. Welles retrata en su aclamada película el aspecto
negativo de la concentración de medios. Una película que podría actualizarse al
ahora cambiando a Hearst por otros personajes como Silvio Berlusconi o Rupert
Murdoch. Es eso lo que la hace tan importante y necesaria. Todo un clásico.

Ciudadano Kane es realmente un clásico y trata muy bien la figura del magnate
ResponderEliminarPor todo ello cada día creo más en la necesidad de medios públicos e independientes, o sea, la utopía.
ResponderEliminarPor fin una película que si he visto. Sin duda una película clave para comprender que supone la concentración mediática y uno de los grandes clásicos del cine universal.
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